JULIO VERNE, 1870, UNE VILLE FLOTTANTE CABLES SUBMARINOS Y EL EAST EASTERN CAPÍTULO II
“Después de unas veinte travesías entre Inglaterra y América, una de las cuales fue señalada por accidentes muy graves, la explotación del Great-Eastern quedó momentáneamente abandonada. Aquel inmenso barco, dispuesto para el transporte de viajeros, no parecía servir para nada: la desconfiada casta de los pasajeros de ultramar lo despreciaba. Después del fracaso de las primeras tentativas para establecer el cable sobre su meseta telegráfica (mal éxito, debido en gran parte a la insuficiencia de los buques que lo transportaban), los ingenieros se acordaron del Great-Eastern. Sólo él podía almacenar a su bordo aquellos 3,400 kilómetros de alambre, que pesaban 4,500 toneladas. Sólo él podía, gracias a su indiferencia a los embates del mar, desarrollar y sumergir aquél inmenso calabrote. Pero la estiba del cable en el buque exigió cuidados especiales. Se quitaron dos calderas de cada seis y una chimenea de cada tres, y pertenecientes a la máquina de la hélice, y en su lugar se dispusieron vastos recipientes, para alojar el cable preservándolo una capa de agua de las capas atmosféricas. De este modo, el hilo pasaba de aquellos lagos flotantes al mar, sin sufrir el contacto de la atmósfera”.