DERIVADOS DE CHAPPE

Uno de los mayores problemas que presentaba el telégrafo óptico de Chappe (y por extensión, los que le sucedieron en otros países de Europa) era que los símbolos o señales producidos por el telégrafo eran planos, por lo que habían de ser mirados de frente para ser leídos bien. Un telégrafo óptico visto desde posiciones laterales no presentaba información alguna, o era difícil de leerse correctamente, como puede imaginarse. Esto obligaba a que los trazados de las líneas de telegrafía óptica fuesen casi rectilíneos y el tener que dar una curva en el trayecto era realmente complicado.

De todos los sistemas de telegrafía óptica que existirían en Europa, los ideados por los españoles Betancourt y por Mathé fueron los que admitían mayor ángulo de visión (más de 45º), muy superior a la del telégrafo de Chappe, por lo que ambos sistemas serían muy elogiados en círculos científicos del continente. Pero el que quizá era el mayor inconveniente de los sistemas de telegrafía óptica era el derivado de las lógicas inconveniencias de su medio. De noche eran poco fiables y aunque se hicieron experimentos fijando faroles a los elementos señalizadores de los telégrafos, lo cierto es que ninguno de los prototipos superaría la prueba con resultados satisfactorios en ningún país de Europa. Por otro lado, con lluvia intensa, niebla, nieve o calima se hacían prácticamente invisibles las estaciones contiguas, por lo que la transmisión había de ser interrumpida.